Riesgo de padecer un cancer de piel
Aunque los niños pequeños pueden tener algún nevo, la mayoría de ellos suelen aparecer a partir de la pubertad. El número máximo de nevos que va a tener una persona se alcanza entre los 20 y los 50 años. A partir de ese momento, el número de nevos disminuye. Por eso, tener 20 nevos a los 10 años puede ser mucho pero a los 30 es casi normal.
El número de nevos totales que tiene una persona está directamente relacionado con sus genes y con la cantidad de sol que recibe durante la infancia.
Se considera un factor de riesgo a partir de 50, de tal manera que las personas con este número de nevos debe ser evaluada por un dermatólogo.
Existen, además, algunos nevos atípicos que, por sí solos, ya se consideran un factor de riesgo. Estos nevos se definen con las siguientes características:
1. El nevo tiene un componente plano (mancha).
2. Tiene al menos 3 de los siguientes criterios:
a. Contorno mal definido
b. Tamaño de al menos 5 mm
c. Varios colores
d. Contorno irregular
e. Presencia de eritema (enrojecimiento)
SÍNDROME DEL NEVO ATÍPICO
Algunas personas pueden tener un especial riesgo que los hace susceptibles de control estrecho en unidades especializadas por tener una piel especialmente complicada y con alto riesgo.
Este síndrome se define cuando un paciente tiene al menos 3 de las siguientes características:
1. Más de 100 nevos comunes si la persona tiene entre 20 y 50 años ó más de 50 nevos en los demás casos
2. Más de 1 nevo atípico
3. Presencia de más de 1 nevo en las nalgas o el dorso del pie
4. Presencia de nevos en la cara anterior del cuero cabelludo
2. Piel sensible
La sensibilidad de la piel que da un mayor riesgo de padecer un cáncer de piel viene dada por la facilidad con la que la piel se quema y la facilidad o dificultad con la que se adquiere el bronceado cuando le da el sol (en concreto las radiaciones ultravioleta, por lo que también sirve para la exposición a rayos UVA artificiales). Esto es lo que se denomina como fototipo.
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Fototipo
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Quemadura solar
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Bronceado
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Descripcion
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I
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Con facilidad
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Nunca
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Piel muy blanca, de tipo céltico.
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II
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Con facilidad
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Mínimo
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Piel blanca que tras mucha exposición solar adquiere un ligero tono café con leche.
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III
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Con cierta facilidad
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Sí
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Mucha población española tiene este fototipo. Con las primeras exposiciones solares se producen quemaduras pero en cuestión de una o dos semanas se adquiere un bronceado completo
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IV
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Requiere exposición intensa y mantenida
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Con facilidad
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Junto con el fototipo III representan la mayoría de la población mediterránea y, por lo tanto, la española. Similar al III aunque el bronceado se adquiere en unos pocos días.
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V
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La intensidad de la exposición ha de ser muy intensa
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Muy fácilmente
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Población con un cierto tono oscuro natural. Es la piel que tienen los indígenas americanos.
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Además, el efecto dañino es mayor cuanto menos protección tiene la piel, tanto artificial (ropa, gorra, filtro solar) como natural (bronceado y engrosamiento de la piel secundario a la exposición al sol crónica).
Esto no quiere decir que una persona no se pueda exponer al sol sino que la exposición debe realizarla de acuerdo con sus características individuales de cada uno y con el tipo de actividad que se quiera realizar. No se debe olvidar que el sol también tiene unos efectos beneficiosos incuestionables (estado de ánimo, síntesis de vitamina D, entre otros) y que no se recomienda, salvo contadas excepciones, evitar completamente la exposición solar.
4. Quemaduras solares
Existe mucha confusión entre la población acerca de lo que son las quemaduras solares. El mero hecho de observar un eritema (enrojecimiento) en la piel ya implica un cierto grado de quemadura.
De entre las quemaduras, se consideran dos tipos que dan más riesgo de desarrollar un cáncer de piel:
1. Quemaduras leves/moderadas: aquellas que producen dolor de menos de 2 días y que dan como consecuencia la final descamación de la piel (típicas peladuras de la piel).
2. Quemaduras severas (las que más riesgo dan): aquellas que producen ampollas o dolor en la piel durante al menos 2 días (incluyen las llamadas “insolaciones”).
Aunque todas las quemaduras a lo largo de la vida favorecen el cáncer de piel, las más relevantes son las que se producen durante la infancia o adolescencia.
Las que se producen durante la edad adulta no se deben desdeñar puesto que también han demostrado ser un factor de riesgo, sobre todo durante los 10 años siguientes.
5. Antecedentes familiares
En prácticamente todos los cánceres existe un cierto grado de predisposición genética. Es decir, nuestra propia constitución nos hace más susceptibles de padecerlo.
En el caso concreto del melanoma se conoce bien que si se tiene algún familiar con melanoma se tiene más riesgo. El riesgo es mayor cuanto mayor grado de parentesco exista con el familiar, cuanto más número de familiares hayan padecido la enfermedad y cuanto más jóvenes lo hayan desarrollado.
Se conocen tres genes que confieren este mayor grado de susceptibilidad. Dos de ellos están muy relacionados con la agregación familiar (CDKN2A y CDK4) y el tercero (MC1R) parece modificar las características que tienen las familias con mutaciones en los otros genes, aunque también podría justificar la presencia de varios casos en algunas familias.
La determinación de estos genes está todavía en una fase de investigación y no se realiza de forma rutinaria por que no hay suficiente evidencia que su determinación cambie la actitud que se debe seguir con los familiares de pacientes con melanoma. En cualquier caso, existen varios centros en España que investigan en este tema y que disponen de la técnica y que ofrecen el servicio en el contexto de estudios de investigación abiertos.