La sudoración es el sistema con el que cuenta el organismo para regular su temperatura y eliminar el exceso de calor, de forma que se mantenga una temperatura constante de 36-37º. En condiciones normales el organismo suda de forma imperceptible, pero a temperaturas cálidas, cuando se hace ejercicio, cuando se tiene fiebre o en respuesta a situaciones como nerviosismo, furia, vergüenza o temor, el sudor se hace más perceptible. Las manos y los pies sudorosos son una respuesta muy habitual en la gran mayoría de las personas cuando se produce un estado de ansiedad. Se estima que una persona puede llegar a eliminar hasta 2 litros de sudor al día en verano dependiendo del ejercicio que haya hecho, el clima y las situaciones estresantes a las que haya estado sometida.
Pero la sudoración excesiva generalizada o localizada, también llamada hiperhidrosis, es estado patológico que se caracteriza por un exceso de producción de sudor, muy superior al necesario para regular la temperatura corporal, en uno o varios lugares del organismo, sin motivo aparente, de manera permanente o de aparición impredecible, a modo de episodios, incluso cuando la temperatura no es cálida o cuando se está en reposo. Las temperaturas cálidas, el ejercicio y el estrés son factores que en estos pacientes normalmente acaban agravando aún más el problema. La persona con hiperhidrosis suda seis veces más de lo habitual.
Se cree que esto es debido a que se produce un fallo del sistema nervioso simpático (parte del sistema nervioso autónomo) el cual regula numerosas funciones de gran importancia para el cuerpo humano y, sobre el cual no hay control voluntario. El sobreestímulo del mismo, desencadena que las glándulas sudoríparas estén más activas de lo normal.