Los linfomas cutáneos son aquellos procesos linfoproliferativos malignos –de linfocitos T ó B- cuya primera manifestación clínica es la presencia de lesiones cutáneas sin existir enfermedad extracutánea en el momento del diagnóstico, pudiéndose observar afectación ganglionar o visceral en el curso de la enfermedad. La piel es la segunda localización en frecuencia de aparición de los linfomas primarios extranodales, siendo en el 50% de casos micosis fungoide, un 25% de casos linfomas T periféricos y otro 25% linfomas B.
Diagnostico de los linfomas cutáneos primarios
La realización del diagnóstico de linfoma cutáneo exige un abanico amplio de estudios clínicos y patológicos para clasificar de forma correcta a los enfermos. Estos estudios incluyen examenes clínicos, radiológicos, histológicos y estudios moleculares.
Los pacientes con sospecha de linfoma cutáneo primario deben someterse a un examen clínico completo incluyendo estudios radiológicos toráco-abdominales (Rx torax, TAC toraco-abdominal) y examen de médula ósea, todos ellos en relación con el diagnóstico de sospecha . Los estudios histológicos deben incluir el estudio de hematoxilina eosina, PAS y Giemsa. Deben realizarse asimismo estudios inmunohistoquimicos con anticuerpos contra antígenos característicos de las diferentes subpoblaciones celulares de los linfocitos, macrófagos, células interdigitantes y dendríticas. Los análisis de reordenamiento genético mediante técnicas de Southern blot y de PCR (PCR/DGGE) de los genes del receptor de células T (TCR) y de inmunoglobulinas son técnicas útiles en el estudio de los linfomas cutáneos dado que pueden aporta datos sobre la presencia de clonas de linfocitos.