Dermatitis atópica

Dermatología clínica

Dermatitis atópica
Dermatitis atópica
La piel con tendencia atópica es una afección de la piel que se manifiesta con brotes de dermatitis (fase aguda) y periodos de remisión (fase crónica).

La dermatitis atópica o eczema atópico se debe a una reacción en la piel similar a la de una alergia, que hace que se produzca una dermatitis (inflamación de la piel), que puede ir acompañada de heridas, costras debidas al rascado, y descamación.

Se produce 

Aunque parecen ser muchas las posibles causas de la dermatitis atópica, es una afección que suele tener un factor hereditario (en la gran mayoría de los casos, hay antecedentes de piel atópica en la familia), y se asocia también a personas que sufren algún tipo de enfermedad alérgica como rinitis alérgica, alergia al polen o asma.

Otros factores como el estrés emocional, los baños excesivamente frecuentes o prolongados o los productos de higiene e hidratantes inadecuados pueden desencadenar o empeorar la piel con tendencia atópica y causar brotes de dermatitis

Los síntomas, más allá de la hinchazón y el enrojecimiento de la piel, pueden ir desde el picor intenso, ampollas, piel seca, piel en carne viva como consecuencia del rascado, secreción o sangrado, descamación o zonas de piel engrosadas. Los eczemas pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, pero es habitual en zonas como la parte interior de los codos y las rodillas.

Actualmente la dermatitis atópica es muy común en bebés y niños. De hecho, se calcula que entre un 10 y un 20% de los niños españoles tienen piel atópica. La mayoría de personas deja de padecerla cuando entran en la edad adulta, pero puede ser una afección crónica y recurrente. 

Las personas con piel con tendencia atópica o que sufran puntualmente algún brote de dermatitis deben acudir al dermatólogo para iniciar el tratamiento adecuado lo antes posible para aliviar el malestar causado por los síntomas propios de la atopia y los eczemas y evitar el rebrote de la dermatitis como consecuncia del rascado.

Pero, sobre todo, para evitar posibles complicaciones como las infecciones causadas por bacterias, hongos o virus, ya que la piel dañada está más indefensa ante estas amenazas; las cicatrices o marcas permanentes como consecuencia del rascado; y los efectos secundarios del uso prolongado de medicamentos para controlar el eccema, como los corticoides.


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